La preservación de videojuegos ha cobrado una relevancia inusitada en la actualidad, especialmente en un contexto donde los títulos que amamos pueden desaparecer repentinamente. La creciente iniciativa de Stop Killing Games, que ha reunido casi un millón y medio de firmas en apoyo en el parlamento europeo, pone de manifiesto la preocupación colectiva sobre el futuro de nuestros juegos favoritos. Pero antes de tomar una postura, es crucial formular una pregunta fundamental: ¿son los videojuegos productos o experiencias? Este debate no solo toca aspectos culturales, sino que también afecta a la forma en que entendemos y valoramos el arte de los videojuegos.
Concepto de indefinición en los videojuegos
Los videojuegos son un medio artístico que desafía la categorización. Su valor no siempre se deriva de su permanencia en el tiempo; en ocasiones, la efimeridad puede ser parte de su esencia. Muchas formas de arte, como el teatro o la música, dependen de su contexto y del momento en que se experimentan. Por ejemplo, un concierto en vivo ofrece una experiencia única que no se puede replicar a través de una grabación. Este fenómeno se traduce también en los videojuegos, donde la experiencia de juego colectiva puede cambiar radicalmente la percepción de un título.
Además, los videojuegos multijugador ejemplifican esta idea. Aunque no tengan una audiencia tradicional, crean comunidades de jugadores que influyen en la experiencia, haciéndola única. Sin embargo, no todos los videojuegos requieren una preservación obligatoria. Algunos, como el caso de The Crew, un híbrido entre juego individual y multijugador, han perdido su relevancia y es comprensible que el debate sobre su preservación surja.
Por otro lado, la naturaleza cambiante del medio complica su análisis. Los videojuegos abarcan una variedad de géneros y estilos que pueden ser considerados tanto productos comerciales como obras de arte. Esta dualidad plantea la pregunta de qué juegos realmente merecen ser preservados. Existen títulos que se consideran esenciales para la historia del medio y otros que, aunque populares, pueden no tener un valor duradero.
El secreto oculto de Command & Conquer para jugar guerras diferentesLa necesidad de regular la conservación
En el ámbito de la preservación de videojuegos, la regulación se convierte en un tema espinoso. La famosa advertencia de Hideo Kojima sobre el exceso de información y ruido en la cultura resuena aquí. La regulación no busca censurar, sino establecer criterios que ayuden a discernir qué obras deben ser recordadas y cuáles pueden ser dejadas de lado sin detrimento. Este enfoque puede ser beneficioso, ya que no todo merece ser conservado; la pérdida de obras sin valor puede, en sí misma, ser positiva.
La cuestión es: ¿cuáles son los criterios que determinarían qué títulos deben ser preservados? Uno de los grandes problemas es que las empresas a menudo parecen más interesadas en maximizar sus ganancias que en mantener viva la esencia del medio. Un juego cuyo servidor está desierto y que no puede ofrecer una experiencia significativa está, en efecto, muerto. La transparencia de las publishers sobre la vida útil de sus títulos es fundamental para que los jugadores comprendan lo que están adquiriendo.
Además, la preservación no debe convertirse en un objetivo absoluto. La industria de los videojuegos debe tener la flexibilidad de cesar operaciones en títulos que ya no son rentables. Esto no solo permite liberar recursos para nuevas experiencias, sino que también evita la acumulación de juegos sin valor que solo ocupan espacio en bibliotecas digitales.
La complejidad del debate sobre la preservación
La pregunta de si los videojuegos deben ser considerados productos o experiencias es compleja. Algunos argumentan que garantizar su preservación es esencial, mientras que otros creen que no todos los títulos merecen este tratamiento. Este dilema resalta la necesidad de un enfoque matizado, que considere cada caso individualmente.
Las instituciones responsables de regular estos aspectos deben tener un profundo entendimiento del medio y sus matices. Sin embargo, existe la preocupación de que una regulación uniforme y rígida podría limitar la innovación en el sector. La clave está en encontrar un equilibrio que respete tanto la creatividad como la necesidad de conservar títulos que realmente aporten algo al patrimonio cultural del videojuego.
Perspectiva de la comunidad y del sector sobre los videojuegos
La comunidad de jugadores, a menudo apasionada y vocal, juega un papel vital en este debate. Muchos están dispuestos a luchar por la preservación de sus juegos favoritos y a enfrentar a las grandes corporaciones que parecen despreciar el valor del medio. Sin embargo, es importante que la conversación sobre la preservación no se conduzca desde la polarización, sino desde la reflexión y el entendimiento.
El “síndrome de Diógenes” que afecta a ciertos entusiastas del medio, quienes sienten que todo juego debe ser almacenado sin distinciones, puede llevar a una acumulación de títulos irrelevantes. La comunidad debe discernir qué obras tienen un valor duradero y cuáles son simplemente productos efímeros que han cumplido su ciclo.
Por último, la evolución constante de los videojuegos requiere que todos, desde jugadores hasta desarrolladores y reguladores, mantengan un diálogo abierto y constructivo. Al hacerlo, no solo se preserva la memoria colectiva de un medio en constante cambio, sino que también se fomenta un entorno en el que la innovación pueda florecer sin restricciones innecesarias.









